Empanadas Argentinas

Y una docena de amigos

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Te juntas con amigos, el horno se esta precalentando y te das cuenta que no te alcanzan las sillas, le tocas el timbre al vecino y le pedis si te puede prestar unos banquitos, a cambio lo invitas a tu casa a también comer algo entre amigos, te sigue sin alcanzar las sillas pero ya no importa.

La primera vez que abrís la puerta del horno y el olorcito empieza a invadir el living, se escucha de fondo uno de tus amigos al grito de “Que rico olor!, me agarro hambre!”, le pedis un poco más de paciencia mientras haces magia para que el resto no se llenen con salame y quesos sobre la mesa. El mate pasa a segundo plano, mientras siempre hay uno que se demora en devolverlo al cebador, aunque reclames te das cuenta que contar la historia es hasta más importante que el mate pase de mano en mano, los detalles en la historia se vuelven más y más interesantes. Te levantas apurado y vas a revisar que se estén dorando parejo de arriba, ya la segunda vez que abrís la puerta del horno ya es inevitable que uno de tus amigos se acerque a la cocina a preguntarte si falta mucho, miras de reojo el reloj en tu pulsera y le mentís que en 5 minutitos salen.

Uno de tus amigos cambia la música y el resto se queja que siempre escucha- mos lo mismo, se descorcha el vino y en una bandeja de madera te acercas a la mesa para que (hasta el vecino) pruebe unas ricas empanadas.

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Dejame que te cuente que son las empanadas.

Las empanadas son textura y sabor; te quemas por comer de arrebatado, hablas con la mitad de la boca llena mientras tratas que el juguito de la carne no te queme la garganta, pedis más vino al del lado y te quejas cuando alguien las come muy rápido, pedis que disfruten, están muy buenas. Y exigís un recuento de cuantas se comió cada uno, hay uno que siempre miente.

Las empanadas tradicionales no existen, dependen de la región de Ar- gentina (y Sud America), las existen con relleno de papa y carne, con zanaho- ria o sin zanahoria, las que no tienen carne y solo choclo, las de cebolla con queso, las de jamón y queso, las que vos quieras, ahi están, sin prejuicio como lo tendrías con una pizza con ananá, las empanadas se adaptan, se pi- den o hacen en gran cantidad y nunca sobran.

Las empanadas son un abrazo, es preguntar si son fritas o al horno, es mirarlas dos veces después del primer bocado para estar seguro que estas comiendo la que querés comer, y si te equivocaste, nada, te la comes igual y en modo de líder de guerra avisas que “las que tienen esta marquita, son las de jamón y queso, ojo!”

Las empanadas se disfrutan si o si entre amigos, donde generalmente las his- torias, los chistes y conversaciones relajadas se integran con el olorcito a em- panadas de fondo.

Las empanadas se agradecen y uno debe siempre extender la invitación a volver a juntarse, las empanadas son la excusa perfecta para estar entre ami- gos, para mirarse a los ojos mientras te manchas la remera.

Las empanadas vienen en docenas, como los amigos.


Fotos tomadas originalmente para The Lausanne Guide, post review de las empanadas Unicas.ch que producen empanadas estilo Argentinas en Lausanne, Suiza.

One response to “Empanadas Argentinas”

  1. dosdedos says:

    El otro día hice empanadas árabes. Qué lindo es tener a toda la gente a la mesa, mientras una se afana en la cocina, y uno por uno van pasando todos a ver si necesitás ayuda, si tenés vino, si se puede hacer algo más, si “ya deja de trabajar y ven a comer con nosotros”… sin darse cuenta de que lo más lindo es darles de comer, e ir charlando cortito, con uno por uno, cuando se pasan por la cocina…

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